Factores de riesgo del dolor articular

La artrosis es la principal patología articular, pero es compleja porque en ella influyen diversos factores. La edad, el sobrepeso, la menopausia y otras afecciones reumáticas como la condrocalcinosis desempeñan un papel clave en su aparición. Genéticamente, existe una predisposición familiar bien establecida. Los factores locales también contribuyen a su desarrollo. Aunque el aspecto genético es predominante, la aparición de la artrosis varía en función de la combinación única de factores de riesgo en cada individuo. Veamos cada uno de ellos en detalle.

Edad

Con la edad aumenta la frecuencia de la artrosis, siendo la edad un factor determinante en su aparición. Este aumento se debe a varios cambios en la matriz del cartílago. En primer lugar, con el tiempo se produce un desgaste natural del cartílago, acompañado de una respuesta alterada a los factores de crecimiento. Al mismo tiempo, disminuye la capacidad de hidratación del cartílago, lo que afecta negativamente a su función de lubricación y al mantenimiento de su rigidez estructural.

Además, el líquido sinovial, esencial para el correcto funcionamiento de la articulación, se vuelve progresivamente más viscoso. Al mismo tiempo, se reduce la mineralización del hueso subcondral. Este proceso, combinado con la remodelación, conduce a la formación de osteofitos (excrecencias óseas) y geodas (cavidades llenas de líquido o cristales).

Estos cambios se ven exacerbados por el agotamiento de ciertos componentes clave del cartílago, como el ácido hialurónico, la condroitina y la glucosamina. El agotamiento de estos elementos esenciales conduce a una deshidratación progresiva del cartílago. Esta deshidratación conduce a procesos inflamatorios que causan el dolor característico de la artrosis.

Peso

Cuanto más pesas, más presión ejerces sobre tus articulaciones… Para un hombre de 80 kg, la presión ejercida sobre las rodillas al caminar oscila entre 240 y 320 kg, es decir, entre 3 y 4 veces su peso corporal. Perder peso ayudará a reducir el dolor articular.

El sobrepeso supone una carga física y mecánica adicional para el esqueleto. Estas tensiones favorecen el desarrollo de la artrosis, sobre todo en las articulaciones que soportan peso, como las rodillas. Este exceso de presión puede alterar la matriz cartilaginosa o agravar lesiones preexistentes. Sin una reducción de peso adecuada , la progresión de la artrosis se acelera, pudiendo provocar una discapacidad que limite la movilidad del paciente.

Higiene y estilo de vida

Las ocupaciones que someten a las articulaciones a esfuerzos frecuentes aumentan el riesgo de osteoartritis debido a la tensión repetitiva sobre el esqueleto. Por ejemplo, las ocupaciones que requieren manipulación manual hacen que las articulaciones sean más frágiles. Así pues, los traumatismos repetitivos o las posiciones anómalas de las articulaciones tienen un impacto silencioso en nuestro esqueleto.

La repetición de los mismos movimientos afecta a menudo a los agricultores y a los trabajadores manuales. Puede provocar artrosis en las articulaciones implicadas. Un estilo de vida sedentario también favorece los problemas articulares. La actividad regular, como caminar a diario, es esencial para la movilidad articular. Sin embargo, hay que evitar los esfuerzos físicos demasiado intensos para no desgastar el cartílago.

Es posible actuar sobre ciertos factores de forma preventiva con la ayuda de su farmacéutico, ya que existe toda una gama de complementos para aliviar o ralentizar la artrosis.

En cuanto a la alimentación, una dieta acidificante y proinflamatoria favorece la inflamación articular. Es aconsejable evitar ciertos alimentos en caso de problemas articulares. Entre ellos se encuentran la leche, el yogur, el queso, la carne roja, la bollería, las galletas y los alimentos procesados.

El deporte es bueno para el organismo. Sin embargo, algunos deportes aumentan el riesgo para las articulaciones. El fútbol y el rugby aumentan el riesgo de gonartrosis. El tenis somete a tensión las caderas, rodillas, muñecas y manos. Los deportes de combate aumentan el riesgo de traumatismo articular. En cambio, el ciclismo, la natación y la marcha son recomendables para las personas que padecen artrosis, excepto durante los brotes inflamatorios. Todo es cuestión de dosis, intensidad y frecuencia.

Características genéticas y metabólicas

En cuanto al sexo, los hombres suelen ser más propensos a desarrollar artrosis antes de los 55 años. A partir de esa edad, la tendencia se invierte debido a los cambios fisiológicos (menopausia) en las mujeres, con una mayor prevalencia de la artrosis, sobre todo en las rodillas y las manos.

En algunos casos, la artrosis se manifiesta por anomalías congénitas como el genu varum o el genu valgum. Además, ciertas mutaciones genéticas aumentan el riesgo de desarrollar esta enfermedad.

Desde el punto de vista genético,la herencia desempeña un papel en determinadas áreas de la osteoartritis. Por ejemplo, en el caso de la artrosis de los dedos, se ha identificado la localización de la anomalía genética en el cromosoma en cuestión, al igual que en el caso de ciertas formas de coxartrosis familiar y de artrosis de rodilla, cadera y mano.

Los cambios hormonales de las mujeres menopáusicas también influyen en el riesgo de desarrollar osteoartritis. La reducción de los niveles plasmáticos de estrógenos provoca una disminución de la síntesis de factores de crecimiento por parte de los condrocitos. Del mismo modo, la testosterona y las hormonas tiroideas pueden afectar a la actividad de estas células. La estimulación de sus receptores aumenta la síntesis de factores de crecimiento condrocitario. En conjunto, estos factores influyen en el desarrollo y la progresión de la osteoartritis.

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