¿Cómo combatir el frío invernal?

La llegada del invierno trae consigo una serie de retos, entre ellos la protección contra el frío. Las temperaturas bajo cero pueden ser duras, pero existen algunas estrategias eficaces para mantenerse caliente. En este artículo te ofrecemos algunos consejos y trucos para elevar tu temperatura corporal y hacer más agradable la temporada invernal.

Causas del frío

El invierno es una estación que fascina tanto como impone respeto. Para entenderlo bien, primero hay que analizar las causas de su intenso frío. El descenso de las temperaturas durante el invierno se debe principalmente al eje de la Tierra. Durante esta estación, el hemisferio en el que nos encontramos se aleja del sol, reduciendo la intensidad y duración de la insolación. Esta inclinación del eje de la Tierra provoca un importante descenso de la temperatura.

Este periodo también se caracteriza por fenómenos meteorológicos específicos, como los frentes fríos. Éstos se deben a que el aire frío se desplaza hacia las regiones más cálidas, sustituyendo progresivamente al aire caliente. Esta confrontación entre masas de aire de temperaturas diferentes crea condiciones meteorológicas a veces extremas, con nieve, heladas y vientos helados.

Efectos del frío en la salud

El frío del invierno no sólo afecta a nuestro entorno, sino también a nuestra salud. La exposición prolongada a bajas temperaturas puede tener consecuencias directas e indirectas para nuestro bienestar.

Desde el punto de vista físico, el frío intenso somete a nuestro organismo a un esfuerzo suplementario. Para mantener una temperatura corporal estable, nuestro metabolismo se acelera, lo que puede provocar un mayor consumo de energía. Además, el frío puede agravar ciertas afecciones médicas como la artritis o las enfermedades cardiovasculares, ya que provoca la constricción de los vasos sanguíneos, aumentando así la presión arterial.

En el ámbito respiratorio, el aire frío y seco del invierno es un factor agravante para las personas que padecen asma o bronquitis. El frío puede irritar las vías respiratorias, provocando tos, resfriados y otras infecciones respiratorias.

Por último, el frío tiene un importante impacto psicológico. La falta de luz natural en invierno puede afectar al estado de ánimo, provocando a veces un trastorno afectivo estacional. Esta forma de depresión invernal está relacionada con una menor exposición a la luz solar, que influye en la producción de melatonina y serotonina, hormonas que regulan el estado de ánimo y el sueño.

Si comprendemos mejor las causas y los efectos del frío invernal, podremos adoptar estrategias más eficaces para adaptarnos a él y minimizar su impacto en nuestra salud y nuestra vida cotidiana.

Comer caliente

La alimentación desempeña un papel fundamental en la regulación de la temperatura corporal. Opta por alimentos ricos en grasas saludables, como el pescado azul, los frutos secos y los aceites vírgenes. Además de reconfortar, las sopas de verduras aportan fibra para facilitar la digestión. Las especias como la pimienta, el jengibre y la guindilla también son tus aliadas. Elevan la temperatura corporal y realzan el sabor de los platos.

Mantente hidratado

La hidratación es esencial en invierno, aunque no sienta la necesidad de beber tanto. El agua es vital para el funcionamiento del organismo y la circulación sanguínea. Elige bebidas calientes como infusiones, té de hierba limón o té de jengibre y miel. ¡Piensa en plantas que te calienten! Evita el exceso de bebidas diuréticas, como el café y el té, que pueden provocar deshidratación.

Optimizar de forma natural el calor en casa

Antes de encender la calefacción, piensa en la Madre Naturaleza. Hay otras formas de calentar eficazmente tu casa. Para empezar, si aún no lo has hecho, mejora el aislamiento de tu casa con materiales naturales. La guata de celulosa y el corcho son algunos de los mejores aislantes naturales del mercado. A continuación, elimine las corrientes de aire. Una vela encendida puede servir de detector. Ventanas, puertas, suelos… En cuanto veas un punto con corriente, tápalo. Para ello, utiliza almohadas, alfombras o cortinas térmicas o gruesas. También puedes considerar el uso de un calefactor portátil. Y no olvides poner una bolsa de agua caliente bajo las sábanas. Son fáciles de encontrar, pero para ayudarte, puedes optar por una bolsa de agua caliente Disney disponible en nuestra farmacia online: peluche Winnie the Pooh, peluche Olaf o peluche Stitch.

Vístete estratégicamente

El arte de vestirse para el invierno se basa en la superposición de prendas, conocida como la técnica de la cebolla. Elige materiales como la lana y el algodón, que permiten que la piel respire a la vez que aíslan del frío. Mantén las extremidades bien cubiertas, ya que se enfrían rápidamente. Las prendas técnicas con propiedades transpirables y aislantes también son una buena opción para mantenerse abrigado sin necesidad de demasiadas capas.

Muévete para mantener el calor

Laactividad física es una excelente forma de combatir el frío. Camine 20 minutos al día, haga estiramientos o practique yoga para estimular la circulación sanguínea y mantener el cuerpo caliente. Incluso pequeños movimientos regulares pueden ayudar a aumentar la temperatura corporal y mejorar la resistencia al frío.

Adaptarse gradualmente al frío

Tu cuerpo puede adaptarse a las temperaturas exteriores si lo acostumbras gradualmente. Empieza por reducir ligeramente la calefacción para que tu cuerpo se adapte. Esto también puede mejorar tu resistencia a los cambios bruscos de temperatura.

Cuidar la piel en invierno

El frío invernal puede afectar negativamente a la piel, resecándola, irritándola e incluso agrietándola. Aquí tienes algunos consejos para proteger tu piel de los rigores del invierno:

Hidratación intensiva

La hidratación es la clave para mantener una piel sana durante todo el invierno. Utiliza cremas hidratantes ricas y nutritivas, preferiblemente justo después de la ducha , cuando la piel aún está húmeda para retener mejor la humedad. Opta por productos que contengan ingredientes como manteca de karité, aceite de almendras o aloe vera, conocidos por sus propiedades hidratantes y reparadoras.

Baños y duchas moderados

El agua caliente puede parecer reconfortante en invierno, pero en realidad puede resecar aún más la piel. Elige baños o duchas tibios y limita su duración. Utiliza limpiadores suaves, sin sulfatos, que no eliminen la grasa natural de la piel. Después del baño, sécate suavemente con palmaditas en lugar de frotar.

Protección contra los elementos

Cuando salgas a la calle, protege tu piel del frío y el viento utilizando bufandas y guantes y aplicándote un bálsamo labial protector. Como la piel de la cara está especialmente expuesta, recuerda utilizar una crema de día que contenga un filtro UV, ya que los rayos del sol en invierno pueden ser igual de dañinos.

Cuidados de noche

Por la noche, opta por cremas más ricas y reparadoras. Es el momento ideal para aplicar productos que contengan activos como el ácido hialurónico, la vitamina E o los péptidos, que ayudan a reparar y regenerar la piel mientras duermes.

Nutrición e hidratación desde el interior

Tu alimentación también influye en el estado de tu piel. Consume alimentos ricos en ácidos grasos omega-3 y antioxidantes, como el pescado azul, los frutos secos y las verduras de colores, para nutrir tu piel desde dentro. Y no olvides beber suficiente agua para mantener tu piel óptimamente hidratada.

Exfoliación suave

La exfoliación ayuda a eliminar las células muertas de la piel, facilitando la absorción de los productos hidratantes. Opta por exfoliantes suaves y evita los abrasivos, que pueden irritar la piel ya sensible en invierno.

Si tomas estas precauciones, conseguirás que tu piel se mantenga flexible, hidratada y sana durante todo el invierno.

¿Cómo puedo prevenir las enfermedades invernales?

El invierno suele ser sinónimo de un aumento de las enfermedades infecciosas, en particular la gripe y los resfriados.

Vacunas

La vacunación desempeña aquí un papel crucial. Es una de las medidas preventivas más eficaces contra determinadas enfermedades invernales, en particular la gripe. La vacunación antigripal se recomienda especialmente a los grupos de riesgo, como ancianos, niños, embarazadas y personas con enfermedades crónicas.

La vacuna antigripal está diseñada para proteger frente a las cepas de virus más comunes y virulentas que se esperan esta temporada. Estimula la respuesta inmunitaria del organismo, preparándolo para luchar eficazmente contra el virus en caso de exposición. Es importante tener en cuenta que la composición de la vacuna se revisa cada año para adaptarse a las mutaciones víricas, por lo que es necesario vacunarse anualmente.

Además de la gripe, pueden recomendarse otras vacunas en función de la edad, el estado de salud y el estilo de vida. Por ejemplo, la vacuna antineumocócica se recomienda a las personas mayores y a quienes padecen ciertas enfermedades crónicas, ya que tienen más probabilidades de desarrollar complicaciones graves.

Higiene personal

Además de la vacunación, la higiene personal es otra de las piedras angulares de la prevención de las enfermedades invernales. Gestos sencillos pero eficaces pueden reducir considerablemente el riesgo de transmisión de infecciones.

Lavarse las manos con regularidad y correctamente es una de las formas más eficaces de prevenir la propagación de virus y bacterias. Se recomienda utilizar jabón y agua tibia, prestando especial atención a las uñas y entre los dedos, sobre todo después de volver de lugares públicos, antes de comer y después de toser o estornudar.

También se recomienda el uso de pañuelos desechables. Si tose o estornuda, es mejor taparse la boca con un pañuelo o con el pliegue del codo para evitar la propagación de gérmenes. Los pañuelos usados deben desecharse inmediatamente en una papelera cerrada, y después hay que lavarse las manos.

También es importante mantener una buena higiene en el entorno vital. Limpiar regularmente las superficies que se tocan con frecuencia, como los picaportes de las puertas, los interruptores de la luz o los teléfonos, puede ayudar a reducir la presencia de gérmenes.

Combinando la vacunación con una higiene personal rigurosa, es posible reducir considerablemente el riesgo de contraer o propagar enfermedades durante la estación invernal. Estas prácticas sencillas pero fundamentales contribuyen en gran medida a proteger la salud individual y colectiva.

Consejos para las personas mayores

El invierno puede ser una época especialmente dura para las personas mayores. El frío, el riesgo de caídas en suelos resbaladizos y la menor exposición al sol exigen cuidados y atención adicionales. He aquí algunos consejos prácticos y precauciones adicionales para ayudar a los mayores a afrontar esta estación con seguridad.

Precauciones adicionales

El frío no está exento de riesgos para las personas mayores, cuya regulación de la temperatura corporal suele ser menos eficaz. Por eso es fundamental adaptar su entorno y sus hábitos para evitar complicaciones relacionadas con el frío. En primer lugar, es aconsejable mantener una temperatura constante y confortable en el hogar, idealmente entre 19 y 21 grados centígrados. Hay que evitar las corrientes de aire frío y comprobar el aislamiento de puertas y ventanas.

A continuación, hay que adaptar la ropa. Las personas mayores deben llevar varias capas de ropa para conservar el calor corporal, haciendo hincapié en los materiales aislantes y transpirables. Y no hay que olvidar las extremidades: gorros, guantes y calcetines gruesos son esenciales para evitar la pérdida de calor.

También hay que tener cuidado cuando se viaja al aire libre. Las caídas son más frecuentes en invierno, por lo que es aconsejable llevar calzado antideslizante, y el uso de bastones o ayudas para la movilidad puede contribuir a garantizar una mayor estabilidad.

Asistencia necesaria

El invierno también puede aumentar la sensación de aislamiento entre las personas mayores. Por eso es importante que la familia, los amigos o los cuidadores a domicilio estén presentes con regularidad para ayudar en las tareas cotidianas o proporcionar apoyo moral.

Hay que prestar especial atención a la dieta. Las comidas deben ser nutritivas y suficientes para proporcionar la energía necesaria. Como los ancianos tienden a sentir menos sed, es crucial asegurarse de que estén bien hidratados.

Si es necesario, no dude en recurrir a servicios de asistencia a domicilio. Estos servicios pueden incluir ayuda para hacer la compra, preparar la comida, las tareas domésticas o incluso atención médica. El objetivo es que las personas mayores puedan pasar este invierno en las mejores condiciones posibles, garantizando su comodidad, su salud y su bienestar.

Referencias

  1. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/search/research-news/8403/
  2. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37357654/
  3. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26219131/

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