El sistema inmunitario y las alergias: por qué las plantas que «refuerzan» las defensas pueden ser peligrosas en ocasiones

Con la llegada del invierno o en épocas de cansancio, el instinto de querer estimular el sistema inmunitario por medios naturales se ha convertido en algo habitual. Además, las estanterías de las parafarmacias están repletas de complementos alimenticios que prometen reforzar nuestras defensas biológicas. Sin embargo, intervenir en los mecanismos de defensa de nuestro organismo mediante principios activos vegetales no es un acto baladí.

El sistema inmunitario es una estructura de una complejidad absoluta, regida por un frágil equilibrio entre vigilancia y tolerancia. Por otra parte, romper este equilibrio mediante una automedicación inadecuada puede resultar inútil, o incluso acarrear graves consecuencias. ¿Cómo cuidar el sistema inmunitario sin desencadenar una tormenta biológica? Esta guía completa arroja luz sobre los riesgos desconocidos de la fitoterapia inmunoestimulante.

¿Cuáles son los límites de la fitoterapia ante la inmunodeficiencia y las defensas debilitadas?

Cuando una persona presenta una disminución de la inmunidad, la tentación de recurrir a remedios naturales para recuperar fuerzas es grande. Sin embargo, los déficits inmunitarios graves requieren exclusivamente un tratamiento médico estricto. Por lo tanto, no dependen de la fitoterapia.

¿Qué es la inmunodeficiencia?

La inmunodeficiencia se caracteriza por la incapacidad del sistema inmunitario para proteger eficazmente al organismo contra las infecciones. Pero también contra la proliferación celular anómala. Se conocen las inmunodeficiencias primarias (o congénitas), de origen genético y a menudo diagnosticadas ya en la infancia. Pero también existen las inmunodeficiencias secundarias (o adquiridas).

Estas últimas pueden ser consecuencia de una infección viral grave, como el SIDA provocado por el VIH. Este virus destruye específicamente los linfocitos T CD4, pilares fundamentales de nuestra inmunidad celular. Además, la inmunodeficiencia adquirida también se induce de forma terapéutica mediante tratamientos agresivos: quimioterapias contra el cáncer, radioterapias o la administración de fármacos inmunosupresores. Estos se prescriben tras trasplantes de órganos para prevenir el rechazo del injerto.

El mito del refuerzo inmunitario mediante plantas en caso de déficit grave

En caso de inmunodeficiencia confirmada, imaginar que una simple cura a base de plantas pueda «potenciar» o restaurar la inmunidad es una ilusión científica. Peor aún, en pacientes trasplantados o en tratamiento inmunosupresor, la introducción de plantas con fines estimulantes puede interferir directamente con los medicamentos antirrechazo. Esta interacción provoca una reactivación de la actividad inmunitaria contra el órgano trasplantado y conduce a un fracaso terapéutico grave.

¿Por qué la equinácea y las plantas inmunoestimulantes representan un peligro en caso de desequilibrio inmunitario?

El objetivo de muchos tratamientos naturales es activar el sistema inmunitario de forma general. Sin embargo, para los millones de personas que padecen una disfunción inmunitaria en la que el organismo ataca a sus propios tejidos, esta sobreactivación resulta extremadamente agresiva.

El mecanismo de la autoinmunidad

La enfermedad autoinmune representa exactamente lo contrario de la inmunodeficiencia: se trata de una hiperactividad patológica en la que el sistema inmunitario pierde su tolerancia hacia el «yo». En consecuencia, los clones de linfocitos autorreactivos escapan a los mecanismos de control y comienzan a atacar órganos específicos. Este fenómeno complejo tiene un fuerte componente genético, especialmente relacionado con los genes del complejo mayor de histocompatibilidad (sistema HLA).

Entre las patologías autoinmunes más frecuentes se encuentran la diabetes tipo 1 (destrucción de las células beta del páncreas), la esclerosis múltiple (desmielinización del sistema nervioso central), el lupus eritematoso sistémico o la artritis reumatoide. En todas estas enfermedades, la estrategia médica consiste en frenar esta inmunidad destructiva mediante inmunosupresores o bioterapias.

La principal contraindicación de la equinácea

La equinácea (Echinacea purpurea) es la planta estrella utilizada para estimular la inmunidad innata al aumentar la fagocitosis y la producción de citocinas inflamatorias. Sin embargo, en presencia de una enfermedad autoinmune, esta estimulación equivale a echar leña al fuego.

La activación de los mecanismos inmunitarios por parte de la equinácea puede romper las fases de remisión y desencadenar un brote agudo y grave de la enfermedad. De hecho, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) contraindica formalmente su uso en estos pacientes.

¿Cómo modifica el aumento de las alergias ambientales nuestra tolerancia a los principios activos que se supone que protegen nuestra inmunidad?

Las alergias constituyen otra forma de desregulación del sistema inmunitario, caracterizada por una hipersensibilidad del organismo frente a sustancias extrañas normalmente inofensivas (los alérgenos).

Alergias inmediatas (IgE) y retardadas

Las reacciones de hipersensibilidad se dividen en varias categorías.La alergia inmediata está mediada por anticuerpos específicos, las inmunoglobulinas E (IgE), que desencadenan la desgranulación de los mastocitos y la liberación masiva de histamina al entrar en contacto con el alérgeno (polen, venenos, alimentos). Se manifiesta mediante rinitis, asma o, en los casos más graves, un shock anafiláctico. Por el contrario,la alergia retardada implica una inmunidad de mediación celular (linfocitos T) y se traduce principalmente en eccemas de contacto.

Hoy en día, el impacto del calentamiento global y el aumento de la contaminación atmosférica alargan los periodos de polinización. Además, estos factores aumentan la carga alergénica del polen, lo que hace que la población en general sea mucho más reactiva a nivel cutáneo y respiratorio.

Los riesgos de reacciones cruzadas entre el polen y las infusiones

El peligro asociado a los complementos alimenticios o a las infusiones reside en el fenómeno de la reacción cruzada. Las plantas de la familia de las Asteráceas (como la manzanilla, el diente de león, la artemisa, la equinácea o la caléndula) comparten estructuras proteicas muy similares a las del polen de las gramíneas o de la ambrosía. Así, un paciente que padezca fiebre del heno puede desarrollar una reacción alérgica inmediata grave al consumir remedios naturales destinados a reforzar su inmunidad. Esto ocurre debido a esta confusión molecular provocada por sus propios anticuerpos.

Regule sus hormonas sin riesgo: la diabetes, los trastornos tiroideos o el embarazo imponen precauciones estrictas con los principios activos vegetales. Descubra nuestra guía completa sobre el sistema endocrino y metabólico.

Querer reforzar la inmunidad mediante la fitoterapia parte de una excelente intención, pero la biología nos recuerda que modularla no es algo que se pueda improvisar. Ante una inmunodeficiencia confirmada, un sistema inmunitario hiperactivo relacionado con una enfermedad autoinmune o una predisposición a las alergias cruzadas, las plantas denominadas «estimulantes», como la equinácea o los derivados de las asteráceas, pueden entonces causar más daño que beneficio. Por lo tanto, para que lo natural siga siendo un aliado de su salud, la clave reside en un enfoque personalizado, el estricto cumplimiento de sus tratamientos médicos y el recurso sistemático al asesoramiento de profesionales de la salud.

Fuentes:

Preguntas frecuentes: ¿Cómo cuidar el sistema inmunitario con plantas sin correr riesgos?

¿Por qué no se recomienda la equinácea en caso de enfermedades autoinmunes?

La equinácea estimula activamente la producción de células defensivas y de moléculas inflamatorias. En caso de enfermedades autoinmunes (esclerosis múltiple, lupus), en las que el sistema inmunitario ya ataca al propio organismo, esta estimulación puede agravar la patología y desencadenar una crisis aguda.

¿Cuál es el riesgo de consumir plantas de la familia de las Asteráceas si se es alérgico al polen?

Plantas como la manzanilla, la artemisa o la equinácea pertenecen a la familia de las Asteráceas. Si es sensible al polen de esta familia (ambrosía, gramíneas), su organismo puede sufrir una reacción cruzada. En consecuencia, consumir estas plantas en infusión o como complemento puede desencadenar una crisis alérgica (urticaria, molestias respiratorias).

¿Pueden las plantas inmunoestimulantes interferir con un tratamiento inmunosupresor?

Sí, de manera significativa. Los tratamientos inmunosupresores (prescritos tras un trasplante o para estabilizar una enfermedad grave) tienen como objetivo reducir la actividad inmunitaria. Tomar plantas para «potenciar» las defensas va directamente en contra de este efecto terapéutico, lo que expone al riesgo de rechazo del órgano o de recaída.

Deja un comentario